Mención especial - Barrio burzaco

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Mención especial

Quiero agradecer a todas las personas que con su trabajo y dedicación contribuyeron de una u otra manera a sobrellevar el día a día en lo que fue el barrio de Burzaco. Ese agradecimiento perdurará en esta web para que no nos olvidemos nunca de ellos.

Mención especial para el Capitán General  José María de Loma Arguelles por la participación de la huelga minera de 1890, que actuó como mediador aceptando la representación oficial de los socialistas en la huelga y utilizando su influencia en favor de las demandas obreras: disminución de la jornada laboral y supresión de "tareas" y barracones obligatorios. Gracias a su intervención el conflicto terminó firmándose el llamado "Pacto Loma" por el que se aceptaban las demandas de los trabajadores. Pasando a 10 horas de trabajo y barracones de madera.

Mención Especial a las profesoras de la escuela de Burzaco porque sin ellas los hijos e hijas de los mineros no hubieran podido aprender a leer, escribir, sumar, etc.

Doña María
Doña Cenaida
Doña Piedad

Los horarios de clase eran de 9:00 a 12:00 y de 14:00 a 16:30.

El colegio (escuela) del Barrio de Burzaco tenía dos viviendas en la parte superior, y un trastero, y en la parte baja es donde asistían a clase alrededor de 35 niños y niñas.
La pared de la escuela hacía de Frontón. En los recreos los alumnos jugaban al toco-chapas, al toco-plomo, al hinque, al pillar, a las tabas, al escondite, .....

El cura Don Pedro solía "confesar" varias veces al año en el colegio. Para ello, llevaba un confesionario de madera, plegable. Luego hacían ejercicios espirituales.

En la casa de un vecino les proyectaba películas de la Historia Sagrada.


Cuando la falta de niños se hizo notable en Burzaco, se cerró yendo al asilo San Fernando financiado por Fernando Ibarra en la Arboleda que lo acondicionarón para los hijos de los míneros.

Las Hijas de la Caridad fueron nombradas para regentar el colegio. Mención especial a Sor Paula, Sor
Luisa y Sor Mª Angeles.
La promotora de la formación de la Tuna fue Sor Milagrosa.
La tuna que se formó en el colegio recorrió parte de España, asistiendo a muchos certámenes y campeonatos. Consiguiendo que los niños se olvidaran de la dureza del entorno en el que vivían.


Mención especial a los médicos, las siervas de Jesús, practicantes, y sacerdotes que con su buen hacer y en las pésimas condiciones  que tuvieron que trabajar dieron un trato especial a todos los mineros que por el hospital de Burzaco-triano pasaron por un accidente laboral o enfermedad típica que por aquel entonces eran comunes (Tifus, Gripe, Pulmonía, Viruela, etc)  y en especial al Director Enrique de Areilza Hurtado por traer la técnicas más vanguardistas y modernas a este hospital.

Mención especial a las comadronas Carmen y Urania, que asistieron en los nacimiento de tantos niños y niñas en la zona, y a las abuelas que ayudaban en los partos.

Los hospitales mineros fueron una parte muy importante en la minería. Las primeras construcciones fueron de madera, en las zonas de mayor explotación minera.

Los accidentes en la minería eran frecuentes a consecuencia de las grandes explosiones o voladuras, provocando amputaciones, así como los numerosos accidentes provocados al manejar las vagonetas llenas de mineral.

Triano se convirtió en la primera clínica traumatológica de España.
También había unas salas especiales para mujeres y niños.
En 1902 el estado sanitario se mejoró con la electricidad y el agua que llegó al lugar.


Mención especial a los comenciantes, que con sus furgonetas subían a Burzaco a vender el pan, fruta, ropa y demás productos que no disponían en Burzaco.

Las sardineras que subían desde Santurtzi con la cesta de pescado sobre su cabeza.

A los colchoneros,
que subían a comprar lana, y a los afiladores que arreglaban los aperos de labranza y demás enseres de metal como pucheros con remaches, cuchillos, tijeras, paragüas.

Las mujeres en el verano sacaban los colchones, los abrían y ponían la lana al sol. Se vareaba y luego, con grandes agujas se iba confeccionando el colchón, que con el paso del tiempo se había hundido.

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